COFRADEMANIA

domingo, 26 de abril de 2009

Cuestión de talante, Manolo


Vaya por delante mi admiración, en el sentido más amplio de la palabra, por Manuel Muñoz Natera. Mi admiración por muchos motivos, porque virtudes tiene, y bastantes. A su arrojo y valentía habituales, une un dominio de las distancias cortas que le hace gran dominador de ciertas situaciones. Además, su estilo directo y sincero es más que evidente que llega a la gente.
Y sin embargo, es también obvio que no pasa la legislatura de Manolo por buen momento, y quizá sea bueno que él mismo lo vea para saber poner remedio. Porque recursos y habilidad para ello, los tiene. Sin embargo, la Semana Santa de 2009 ha dejado muy debilitado a un Consejo que parecía infranqueable hace escasos meses, debido en mi humilde opinión a las formas. Principalmente, al talante, al estilo...
De un tiempo a esta parte se está cuestionando incluso la gestión del dinero para Caridad que se hace desde el Consejo, o la ubicación de los palcos en la Carrera Oficial. También está en entredicho la actitud, siempre a la defensiva, del presidente hacia el gobierno municipal, en un constante enfrentamiento que no beneficia absolutamente a nadie. Y podría seguir enumerando los problemas que el bueno de Manolo Muñoz Natera debe solventar, y en breve plazo.
Porque lo último, lo que no ha gustado absolutamente nada a nadie, es la actitud del Consejo esta pasada Semana Santa, aunque es un problema que viene coleando desde hace meses. No creo que nadie, y repito, nadie, deba dirigirse a un nazareno que está realizando su estación de penitencia. No creo que nadie del Consejo deba recordarle a nadie su horario e itinerario, o las horas que tiene de paso. Para eso no está el Consejo, o al menos, así lo creo yo.
El Consejo está para ayudar a las cofradías en cualquier cosa que necesiten en su estación de penitencia, no para imponerle criterios, obligaciones o recorridos. Por tanto, el silencio del diputado de cruz de la hermandad de la Defensión es más que admirable, así como la paciencia demostrada si se comprueba que fue insultado por un consejero.
Pero claro, como por nada de esto se pidió disculpas, el problema se ha agravado, ya que la hermandad de la Defensión ha solicitado por escrito la dimisión o el cese inmediato de ese consejero. Y a mi entender, si no media la disculpa inmediata de quien corresponda, hace bien la hermandad en pedirlo.
Como hacen bien el resto de hermanos mayores en quejarse de esa actitud del Consejo, que también sufrieron otras cofradías como el Prendimiento o la Soledad este año, o la Coronación el año pasado, cuando el propio presidente se dirigió al hermano mayor instándole a meter la cofradía en Carrera Oficial a la mayor brevedad posible.
Que no, Manuel, hazme caso. Que para eso no está el Consejo. Que está para ayudar a las hermandades, no para imponerles nada. No debe jamás olvidar un presidente que ha sido votado por las hermandades de la ciudad, por lo que las representa. Siempre, y en todos los ámbitos. Por tanto, si se denuncia la actitud de un párroco con una hermandad determinada, tu misión es estar al lado de la hermandad que reclama tu ayuda. Si te piden las cuentas desglosadas, tu labor es hacerlo sin dilación...
Vienen tiempos difíciles para el Consejo, no hay quien dude ya esto con los hermanos mayores haciendo quinielas en los bares sobre el número de votos necesarios para una moción de censura o para cambiar de nuevo la Carrera Oficial, esa que no gusta a casi nadie pero que todo el mundo luego apoya. Vienen tiempos difíciles, decía, y necesitamos de un presidente sereno, confiado y con criterio. Y si escribo esto, es porque todavía confío en que Manuel Muñoz Natera sepa reconducir una nave que ahora mismo parece a la deriva.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 26 de abril de 2009. Foto: www.latrabajadera.com)

Este Viernes hay que arreglarlo


El Viernes Santo tenía pinta de terminar de enredarse, y conforme pasan las horas así está ocurriendo. Y está pasando porque pese a cumplir los horarios e itinerarios marcados, algunos hermanos mayores siguen quejándose amargamente de los horarios que les han impuesto desde el Consejo.
De lo primero que se quejan es precisamente de eso, de la imposición. Bien es cierto que, pese a las múltiples reuniones que habían tenido, los hermanos mayores del último día de nuestra Semana Santa habían sido incapaces de ponerse de acuerdo en unos itinerarios lógicos, y todas las alternativas pasaban porque la Piedad abriera el Viernes Santo. Una vez descartada esa idea por parte del Consejo y de la Delegación Diocesana, se ofreció al Santo Entierro pasar en otro orden por la Carrera Oficial, a lo que se negó la cofradía que preside Domingo Díaz. En esta tesitura estaban cuando se entregaron los horarios definitivos, que apenas incluían modificaciones, salvo los quince minutos de más que se daban al Cristo de la Expiración, o el paso de la Soledad por delante de la Piedad de nuevo por Tornería.
Y esos fueron precisamente dos de los puntos de mayores conflictos de la jornada. Así, el Cristo de la Expiración salía a la hora impuesta, y en un alarde de responsabilidad cumplió todos los horarios, entrando adelantado en muchos puntos de control. Sobre la mesa, una reivindicación implícita, la de volver a salir a las cuatro y media de la tarde. Pero pese a cumplir todos los horarios, la hermandad del Cristo argumenta que su velocidad es inapropiada para una cofradía de su corte, ya que el palio del Valle iba demasiado rápido en la mayoría de puntos de su itinerario.
Algo parecido le ocurrió a la Soledad, que modificó su itinerario de salida, rodeando la plaza del Mamelón. Desde que salió el paso de palio de la cofradía la hermandad se quejó de la excesiva velocidad que debía imprimir a la cofradía para poder alcanzar todos los controles horarios. Y en el aire queda la queja de la cofradía por la actitud del Consejo, que le instó en repetidas ocasiones a que respetara y cumpliera sus horarios hasta que el palio de la Soledad estuviera en la Porvera, para que la cofradía de la Piedad pudiera pasar por la calle Francos sin retrasos.
Y esta cofradía, la última del día, todavía afectada porque pese a recogerse tan sólo siete minutos tarde, tuvo de nuevo que entrar pasadas las dos y media de la mañana. Y curiosamente, la misma queja, la velocidad a la que deben llevar a la cofradía por las calles de Jerez para poder cumplir los horarios. Pero claro, pese a que se cumplieron escrupulosamente, y el presidente del Consejo ha felicitado a todas las hermandades por ello, el palio de la Piedad tuvo que aligerar su paso por las calles Larga y Lancería, y la cruz de guía de la hermandad del Cristo retenerse cuando subía por la plaza de la Asunción, para evitar un atasco en toda regla en la plaza del Arenal. Así al menos lo han confirmado los hermanos mayores de ambas cofradías, lo que refleja la desafortunada configuración de los horarios del día, que es más que evidente que habrá que modificar para el año que viene.
Por otro lado, Loreto y Exaltación son las dos cofradías que menos problemas han tenido, aunque la hora de salida de la cofradía de las Viñas le obliga a hacer un esfuerzo impagable, y el hermano mayor de la cofradía ya ha argumentado en más de una ocasión que por su parte ya poco más pueden hacer para el bien común del Viernes Santo.
Y queda una última cuestión en el aire, que es la Carrera Oficial. Porque todas las cofradías del Viernes Santo se quejan de que apenas llegaban a los controles horarios, exigiendo algo más de tiempo. Pero al menos, cumplieron. Y ahora, son ellas las que pueden exigir.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 26 de abril de 2009. Foto: Esteban)

lunes, 20 de abril de 2009

¿Y si la coronamos por esto?


Nadie presagiaba lo que iba a ocurrir el Domingo de Resurrección en la Plazuela. El sol había acompañado todos los días de la Semana Santa, y el Jueves Santo amaneció soleado, como sus anteriores. En la capilla de la Yedra se respiraba el ambiente propio del Jueves Santo, la alegría marcada en los corazones de los que iban a acompañar a la Esperanza y al Sentencia durante la Madrugá, esa noche de Jesús que siempre acaba en mañana de Esperanza.
Pero cuando la cofradía de la Yedra estaba saliendo de la Catedral, una fina llovizna acompañaba el discurrir de los nazarenos de la corporación, que decidía de manera inteligente regresar a la Santa Iglesia Catedral. Tras las deliberaciones pertinentes, y según ha comunicado el propio hermano mayor, José Carlos Morales, la Junta de Gobierno decidió de manera unilateral suspender su estación de penitencia justo en el ecuador de la misma, dejando para el Domingo de Resurrección la vuelta triunfal de la cofradía hasta su capilla. Muchos criticaron esta decisión, aunque lo que es evidente es que llovía en Jerez, y la Plazuela no está precisamente cerca del primer templo jerezano, por lo que la decisión fue a todas luces acertada.
La estancia en la Catedral no fue sencilla para nadie. Por todos es conocida la escasa colaboración que reciben las hermandades que deben permanecer en el templo jerezano, y la de la Esperanza no fue una excepción. Es evidente que la procesión de regreso a casa no podía parecerse en nada a la llegada a la Catedral, puesto que en la Madrugá se conmemora la muerte de Jesucristo, y el día fijado para el regreso era precisamente día de fiesta, de gloria por la resurrección del Señor.
Para ello, la hermandad quiso cambiar el exorno floral completo, adquiriendo calas blancas que acentuaban la clase y categoría de una cofradía siempre pendiente del último detalle, y cambiaron la túnica al Señor, poniéndole la blanca y quitándole las potencias y la corona a la imagen. Una estampa por mucha gente deseada, que costó la propia vida debido a la escasa colaboración de los responsables del primer templo jerezano.
Y no debía ser así. Y no debe ser así. Pero así fue, lo que no quitó para que la cofradía saliera el Domingo de Resurrección a las cinco de la tarde, con la banda de la Sentencia sonando atronadora tras el misterio de la cofradía, y el palio de la Esperanza esperando altanero en el interior de la Catedral.
Su barrio, el que la adora cada día en su pequeña capilla de la calle Sol, había venido hasta allí para recibirla, y cuando la cofradía salió a la calle el Reducto de la Catedral estaba lleno de gente deseosa de acompañar a sus titulares por todo el recorrido.
Pero pese a que era de esperar, nadie podía imaginar que un gentío, un mar de fieles, envolverían el manto de la Esperanza a su regreso a la capilla de la Yedra. Por todos los rincones por los que cogió la cofradía la multitud se agolpaba, queriendo ser testigos de lo que se sabía estaba siendo el preludio de la coronación canónica de la Esperanza.
Había ganas de comprobar el tirón, la fuerza de la devoción de la Esperanza, y en el regreso a la Plazuela se pudo comprobar que en la actualidad no hay una cofradía en toda la ciudad que tenga mayor poder de convocatoria que la de la Plazuela, ni una dolorosa con una devoción mayor que la Esperanza de la Yedra.
La banda de la Fundación, sin parar de tocar, quiso poner la guinda cuando tocó Coronación de Marvizón a la altura de la casa de hermandad, pero ya era remarcar lo obvio. Es la Esperanza una devoción que no cabe en trece volúmenes, por muy bien presentados que estén. Es la Esperanza un huracán de devociones, y la prueba palpable de que María está presente en la Plazuela.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 19 de abril de 2009)

lunes, 13 de abril de 2009

La llamá de Castañeda


Castañeda no debe tener más de cinco años y él no sabía que iba a cambiar una cuadrilla. Nunca lo supo, y quizá un día alguien se lo cuente cuando sea algo mayor. Incluso puede que alguien le enseñe este artículo, y recuerde aunque sea de manera imprecisa aquella chicotá en la que estuvo bajo su Cristo Rey, mandando soberano en los medios de la plaza de San Marcos. Eran las once de la noche, cuando un costalero me dijo que debajo del paso iban un costalero de más. Indignado, corrí hacia los faldones del paso de misterio. No había sido una salida fácil para mí, alejado de mis cariños, de mis amores. No había sido fácil convencer a la cuadrilla de que queríamos lo mejor para ellos. No había sido fácil nada en Cristo Rey. Así que levanté el faldón, pensando que teníamos que solucionar el último problema de la noche, cuando vi dos zapatitos, blancos inmaculados, y un corazón enorme que no le cabía en el pecho. Miré a quien me había avisado que, sonriendo, me enseñó la ropa del chiquillo, y me dijo resignado que había cosas que no se pueden controlar. Supongo que sería su padre. No acerté en ese momento a preguntar nada más, porque sabía que estaba viviendo uno de los momentos mágicos de la Semana Santa. Lo que no pude siquiera imaginar era que su capataz, el que será ya su capataz para siempre, Martín Gómez, le llamó a él antes de levantar el paso, y Castañeda respondió con voz clara, gritando a los cielos su amor por Cristo Rey. Fue la mejor levantá de la noche, y me volví con los ojos inundados en lágrimas. Y justo en ese momento, supe que la cuadrilla había cambiado, y que yo ya era parte de ella. Gracias a ti, Castañeda. Ojalá te vea cada año bajo tu Cristo, porque ya eres su costalero.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 7 de abril de 2009)

viernes, 10 de abril de 2009

Ser de la Soledad


Llevaría su cántaro, con el agua fresca que mana de su boca, hecha de la mejor miel y azúcar. Moriría por Ella, porque cual templario negaría la razón más evidente bajo el calor de su eterna mirada. Mataría si fuera preciso por ser el trovador que defendiera que es el centro de mi vida, de mi fe, de mi existencia. Le gritaría a los cuatro vientos que la Soledad, sí tú, mi Soledad, es aquella a la que busco, tarde sí y tarde también, en la propia soledad de mi vida, cuando viajo sin destino y siempre acabo frente a un azulejo bendito que me recuerda la locura que a veces presiento. Ser de la Soledad no se elige, te viene impuesto por una vida a veces demasiado cruel, que Ella sabe concentrar en el poder de sus dos manos agarradas al clavo ardiendo de nuestra salvación eterna. Cómo se va a elegir ser de la Soledad, si es la advocación más grande que puede existir, en la que todos tenemos cabida, a la que todos alguna vez tendremos que enfrentar la mirada... Mejor aferrarse a esa mirada perdida, a su cintura coqueta, al leve desaire de su cuello que la obliga a no mirarnos de frente para recordarnos que sí, que la vida es soledad en algún momento, pero que Ella, desde su palio del color que el cielo quiera tener, nos ampara, protege y socorre. Siempre perdido en la Soledad, así quiero vivir. Siempre perdido en su manto, al que tengo la suerte de poder abrazar cada Viernes Santo. Siempre Ella. Siempre la Soledad. Siempre ella... Siempre, mi Soledad.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 10 de abril de 2009. Foto: Martín Gómez)

El Viernes Santo es el fin de la Semana Santa, a la espera de un sábado mejor


Hay ganas de Sábado Santo entre los cofrades de la ciudad, y eso se nota. Y mucho más este año, donde gracias al buen clima y al buen hacer de todas las cofradías, los cortejos procesionales se han visto acompañados de numerosos fieles durante todo su recorrido. Por tanto, no es de extrañar que pese a que el viernes sea el broche de oro de la Semana Santa jerezana, muchos cofrades pongan rumbo mañana sábado a Sevilla o Granada, donde este año hay una magna de palios, para continuar saciando la sed de cofradías que existe en la ciudad. Por tanto, el Viernes Santo es el último día de procesiones en Jerez, y de procesiones con nombre y apellidos, grandes en devoción, historia, arte y cultura, y un buen ejemplo de avance en las cosas que siempre han demandado los cofrades.
A saber, desde la parroquia de las Viñas nos llega la hermandad de la Exaltación, que inmersa en la celebración del cincuenta aniversario de la cofradía, estrenará este año el frontal del paso de misterio, tallado por Pineda, los faldones, pintados por el artista portuense David Calleja y alguna figura secundaria del paso de misterio. Y a estas obras deben sumarse las que estrenarán con motivo del aniversario de la cofradía, que pasarán por los guiones sacramentales y de penitencia, y algunos avances más en el paso del Señor. Así que desde la Fábrica de Botellas se nos presenta una cofradía que durante años se ha volcado en el paso de palio de la Concepción y que ahora, a pasos agigantados, intenta compensar esas carencias con ideas frescas e innovadoras que la sitúan entre las hermandades más activas de nuestra Semana Santa.
En el barrio de San Pedro reside la hermandad del Loreto, una cofradía decimonónica donde las haya, y que plantea una alternativa estética al resto de la jornada, así que no debería perderse el paso de esta cofradía por Antona de Dios a la salida, o por la calle Tornería de recogía. Una delicia para los sentidos, con buenos mandos en el martillo y un criterio claro y afinado en la dirección de cofradía.
María Santísima del Valle luce coronada desde el pasado mes de noviembre, así que por primera vez en su historia le hará sombra al Cristo de la Expiración, hasta ahora dueño y señor de la cofradía que llega desde la Ermita de San Telmo. Será buen momento para apreciar de nuevo la fastuosidad de la corona de oro, elaborada por Orfebrería Triana, o el magnífico paso de palio de Carrasquilla, así como perderse en la melena al viento del Cristo de la Expiración, que juega caprichosa con los claroscuros de la vela de la cruz.
Y por supuesto, será el momento de acordarse que Cristo ha muerto por nosotros, gracias al Descendimiento que viene desde la calle Porvera, o al Santo Entierro que llega desde la calle Taxdirt. Cristo ha muerto, y hasta el domingo de resurrección hay que velarle en la soledad. Soledad, que llega con un clavo en las manos, con la mirada perdida del dolor y el corazón abierto en el pecho. La soledad, la advocación más grande de la Semana Santa, porque a todos acoge. La Virgen de todos, la Señora de todos. La Soledad, la Reina de la Porvera.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 10 de abril de 2009)

jueves, 9 de abril de 2009

Son unos indeseables


Ya no se trata de tener respeto, sino educación. Y esa, se aprende en casa. Lo de esta Semana Santa es alucinante, de corazón lo digo. Es absolutamente imposible disfrutar de una buena cofradía en la calle, o es que yo me estoy haciendo mayor, viejo, cascarrabias o plomazo, como quieran ustedes calificarme. Pero a mi queja sobre el uso del móvil, puedo sumarle lo ocurrido en la Tornería cuando pasaba la Clemencia. Domingo y Lunes Santo no había visto cofradías, puesto que hice sendas estaciones de penitencia, y me disponía a disfrutar de uno de los pasos que a mi humilde entender, hace raya en Jerez. Así que ahí estaba yo, alojado en una bulla aplastando a un cura que con la vara miraba sorprendido la escena. Cuando me disculpé, me dijo sonriendo que no pasaba nada, que a él le gustaba que la gente estuviera cerca del Señor, que mejor una bulla a ir sólos por la calle. Una vez repuesto de ese ataque de cofradierismo de un sacerdote que me llenó de orgullo, una voces salieron del gentío, y cuando estaba dispuesto a repetir la escena de Fátima, dispuesto en esta ocasión con pistolas a que nadie me arrebatara las seis o siete marchas que empalmó la banda de los Gitanos y que aguantó sin problemas la formidable cuadrilla, resulta que las manos se dirigieron hacia arriba, a uno de los balcones de la calle Tornería. Y ahí que me vi, sorteando los escupitajos que tres adorables chiquillos iban soltando a todo aquel que pasara por allí. Y claro, se me vino a la mente la imagen del padre de la criatura, sentado con las babuchas frente al televisor, viendo una serie de Telecinco, y riéndole las gracias a los pequeños... Es que son tan monos, ellos... Lo que les decía, alucinante. Hay cosas que hay que aprender en casa...
(Artículo publicado en LA VOZ, el 9 de abril de 2009. Foto: Esteban)

El día del Amor Fraterno, el que acaba envuelto en Esperanza


El Jueves Santo es sin duda uno de los días más importantes del año, el día del Amor fraterno, el de la institución de la Eucarsitía. Los Oficios llegarán a todas las parroquias de la diócesis, y las hermandades sacramentales se volcarán en la adoración del Santísimo Sacramento. Así que sería bueno comenzar el día visitando las iglesias que monten monumentos eucarísticos, como la mayoría de los conventos o las sedes de hermandades sacramentales, como San Miguel. Una vez hecho esto, y si ha comido ya las obligadas torrijas para merendar, podrá comenzar a ver las cofradías que de manera ininterrumpida, nos llevarán desde el Santuario de María Auxiliadora hasta la Plazuela, desde las cuatro de la tarde de hoy, hasta las once de la mañana del Viernes Santo, cuando la Esperanza, siempre elegante, siempre risueña, siempre Ella, se recoja entre el calor y la devoción de su gente. En medio, mucho que ver, y aunque parezca mentira, poco tiempo disponible. Así que no olvide disfrutar de la cofradía de la Vera Cruz, desde hace años un ejemplo de cómo se deben hacer las cosas en la calle gracias a la portentosa talla del Santísimo Cristo de la Esperanza. No olviden disfrutar de la cofradía del Huerto, por primera vez sin Manolito Mesa, que estará presente en todas y cada una de las chicotás de los dos pasos de la cofradía. De hecho, deberían acercarse hasta la cofradía de Santo Domingo por la mañana, cuando la alcaldesa y el Consejo en pleno inaugurarán la nueva calle dedicada al querido cofrade del Jueves Santo. Mucho más queda por ver, como el palio del Mayor Dolor, tan rico en bordados como elegante en la orfebrería, aunque la Madrugá centrará muchas de las miradas de la Semana Santa, porque ha pasado de ser un problema de horarios a un ejemplo de compromiso y seriedad de todas y cada una de las hermandades que la componen. No se pierdan la salida del Santo Crucifijo, ni el paso de la Buena Muerte por la calle Ancha. Tampoco olviden que a la Madrugá, en Jerez, se la conoce como la Noche de Jesús, y sobre todo, y como cada año, no olviden que yo les espero en la calle Sol. Porque todos necesitamos algo de Esperanza...
(Artículo publicado en LA VOZ, el 9 de abril de 2009. Foto: Esteban)

miércoles, 8 de abril de 2009

Azules y rojos se disputan el cetro del Miércoles Santo


El Miércoles Santo llega este año con la fuerza que desata el buen tiempo que ha reinado hasta ahora en Jerez en Semana Santa, y que hace que se tengan muchas ganas de cofradías. Así se ha visto ahora en todas las jornadas de la Semana de Pasión, y con seguridad así seguirá siendo hoy, posiblemente el día más completo de la semana.Porque si hasta ahora había ganas de cofradías en la calle, el Miércoles Santo ha supuesto siempre algo más que el ecuador de la Semana Santa. Una vez pasado el paso de palio de la Amargura por la plaza de las Angustias es cuando empezamos a notar sin remedio que la Semana Santa se nos escapa de las manos.Es sin duda un día de colores, dominado por los negros, azules y rojos de toda la vida, pero a los que hay que añadir ahora los carmesí que vienen desde la Granja, o los azules penitenciales y austeros que aterrizan en la Carrera Oficial desde el Consuelo. Seis cofradías hacen estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral, y las seis lo hacen con una categoría digna de la mejor corporación de la ciudad. Por un lado, en la Granja saben que se espera, y mucho, del Soberano Poder, e inmersos en la realización de su nueva dolorosa, no han escatimado esfuerzos para llegar a la Carrera Oficial con un paso de misterio de los que causan impresión, y un andar valiente, alejado de las elegancias de otros para buscar la alegría y la fiesta. Barrio puro, armado con el gran trabajo de la Junta de Gobierno de Iván Cote.En el Consuelo se mezclan los sentimientos de quien sabe que debe y quiere irse de las Viñas, pero llegan hasta el palquillo con un paso de misterio prácticamente completado, con una dolorosa de Pedro Ramírez que cada año va ganando en belleza y empaque y con uno de los cortejos mejor formados de nuestra Semana Santa. Una de esas cofradías que pese a ser jóvenes, parece que lleven toda una vida acompañándonos.Y tras estas dos novedades, pues las de siempre. Y que sigan muchos años más, porque son cuatro cofradías de las de verdad, de las que dan sentido a un Miércoles Santo que se ha convertido en el día más esperado de nuestra Semana Santa. Desde la plaza del Mercado llega un año más Santa Marta, una cofradía que desde hace años dio un giro estético que ahora intentan conservar. Al frente de ambos martillos, Jaime Gutiérrez Bustillo, y con él la eficacia y el buen hacer en los mandos. En las Tres Caídas volveremos a vivir en primera persona la fe, la devoción, el cariño de un pueblo hacia la imagen de sus amores. Miles de personas acompañarán al Señor Caído por las calles de Jerez, pero no deberíamos olvidar a Tomás Sampalo al frente de la cuadrilla de Dolores. El Prendimiento será una explosión de flamenco, arte, duende y compás desde la capilla del Asilo de San José, la que parece que será su casa definitiva pese a la cercanía con Santiago, y será la tercera oportunidad de disfrutar de la maestría de Martín Gómez Moreno al frente de un paso de nuestra Semana Mayor. Y desde la calle Medina, envuelta en su manto azul, llega la Madre de Dios. Y con eso, está dicho prácticamente todo.

(Artículo publicado en LA VOZ, el 8 de abrl de 2009. Foto: Esteban)

lunes, 6 de abril de 2009

No hay costeros, no hay excusas... Sale la Cena, es Lunes Santo


El Lunes Santo del 2009 será recordado por mucho tiempo entre los cofrades de la ciudad, porque se vivirán momentos únicos e irrepetibles en la tarde de esta jornada. Es uno de los días más compensados de la Semana Santa, puesto que llegan dos cofradías de corte alegre, una de negro riguroso y otra con corte serio pero con música tras el palio y túnicas de capa. Es por tanto el Lunes Santo un día ideal para poder apreciar las variedades y los contrapuntos de una Semana Santa que ayer tuvo su brillante inicio y que hoy, gracias a la Cena, la Candelaria, el Amor y Sacrificio y la Viga, tendrá un segundo acto de primer nivel. Desde la Plata nos llega la Candelaria, y con ella, la algarabía de un barrio que siempre acompaña a sus sagradas imágenes cuando salen de la parroquia de Santa Ana. Tras el paso de misterio irá el Arahal, una de las bandas con más nombre de la Semana Santa andaluza, y en el paso de palio irá José Luis Erdozáin, una referencia en el mundo de la costalería jerezana por su carisma y su trabajo al frente de los martillos de la Candelaria y la Esperanza, entre otras. La salida de la cofradía, o el regreso por la calle Lealas, pueden ser buenas opciones para ver a esta corporación.Sin embargo, sin son más partidarios de la Semana Santa más austera y rigurosa, la cita será en la Plazuela, cerca de la parroquia de Madre de Dios de donde sale el Amor y Sacrificio. Esta severa cofradía cumple con los ritos más ancestrales de nuestra Semana Mayor cada Lunes Santo, dirigiendo sus pasos hasta la Carrera Oficial en el más absoluto de los silencios y sin las menores concesiones a la galería. Ver Amor y Sacrificio es comprobar que en Jerez, en Semana Santa, hay sitio para todos y todos son bien recibidos, y no debería perderse nunca el estilo de esta hermandad. Entre otras muchas cosas, porque lo único que consigue es sumar y no restar a nuestra Semana Santa. Hay más opciones para este día, ya que también pueden ir hasta la Catedral, de donde sale el Cristo de la Viga. Aunque ya no es el único inquilino del primer templo jerezano, el Cristo de la Viga y Nuestra Señora del Socorro serán siempre conocidos como la cofradía de la Santa Iglesia Catedral. Desde allí sale una corporación que presume de tener el crucificado más antiguo que procesiona en nuestra Semana Santa, y una dolorosa que es copatrona de la ciudad. Un ejemplo de superación y de preocupación por la estética de la cofradía, ya que en los últimos años han cambiado desde el monte del crucificado hasta los faldones del paso de misterio, que este año estrenan gracias al trabajo de Fernando Calderón. Y por último, Él. El Señor de la Cena, el del caminar de ensueño, el de la mirada de ternura. Irá sin el apostolado en el paso del Santo Crucifijo debido al proceso de restauración de su paso de misterio, y será el momento de descubrir una de las imágenes más impactantes de la Semana Santa jerezana. Olvídense de los costeros, de los izquierdos, de la colita del mapache que se perdió en San Marcos. Olvídenlo todo, porque sale el Señor de la Cena a la calle. Y quizá sea hora de que nos fijemos un poco más en El...
(Artículo publicado en LA VOZ, el 6 de abril de 2009. Foto: Esteban)

domingo, 5 de abril de 2009

La apuesta


Cualquier día le regalamos un paso de palio, o un precioso rostrillo para su dolorosa. Con la compra de su ejemplar de La Voz de hoy,podrán llevarse a casa este suplemento de 16 páginas donde podrá comprobar las últimas novedades de cada hermandad, así como su horario, itinerario, recorridos, alternativas y otras muchas sugerencias, que abarcan desde dónde aparcar, hasta los mejores restaurantes donde pueden comer. Pero es que hoy también podrán llevarse a casa la revista más completa de Semana Santa que se edita en nuestra ciudad. Se trata de una publicación de cien páginas donde tendrán reportajes de actualidad de las hermandades, completos análisis de la Cuaresma, de coronaciones canónicas o del nuevo obispo, José Mazuelos, y donde tendrán acceso a una completa ficha con todos los datos de cada una de las cofradías de la ciudad, así como un amplio resumen de la Semana Santa de la provincia. Pero no se queda ahí la apuesta de LA VOZ por la Semana Santa jerezana, ya que hoy también podrán adquirir en su punto de venta el libro del pregón de Andrés Cañadas Salguero, uno de los pregones más recordados de nuestra Semana Mayor y un viejo anhelo del mismo pregonero, que vio presentada su obra ayer gracias al patrocinio de este periódico. Y por si fuera poco también pueden llevarse un completo itinerario donde de manera gráfica podrá comprobar los recorridos de cada cofradía así como sus horarios e itinerarios. Lo dicho, que cualquier día regalamos un paso de palio, o un buen rostrillo para su dolorosa. Así que estén atentos, por lo que pueda caer.

(Artículo publicado en LA VOZ, el 5 de abril de 2009. Foto: Esteban)

Es Domingo de Ramos, el día soñado


Es Domingo de Ramos, el día más esperado del año por todos los cofrades. Es el día de la ilusión de las palmas por Rivero, de los capirotes negros de terciopelo andando por la calle Arcos. Es día de añoranzas por la Ermita de Guía, de fiesta por la plaza de la Merced y de dolor contenido por el Hijo muerto por la Capilla del Humilladero. Es el día más grande del año, y toca disfrutarlo sin medida, sin prudencia. Es hora de abusar del reloj, de marcarse metas imposibles, de intentar ver hasta el último detalle de cualquier paso de palio en una esquina de nuestro Jerez. Es la hora de comenzar a soñar con una Semana Santa que desde ya se nos está marchando entre los dedos sin remedio, y que hay que saber aprovechar.Es tiempo de acordarse de los que ya no están con nosotros, de soñar con la visita oficial de Manolito el del Huerto a cada una de nuestras cofradías, de rememorar el hábito blanco de un buen mercedario que sintió y quiso a la Semana Santa de Jerez más que la mayoría de los jerezanos, porque María de la Merced, la Patrona de la ciudad, corría por sus venas. Es el momento de comprobar la evolución de la cuadrilla de la Borriquita con la llegada de Martín Gómez al martillo de la Escuela, y la confirmación como realidad al frente del llamador de la Estrella del joven Manuel Serrano.Hay que disfrutar del palio de la Coronación, que este año irá con rosas y frexias y estrenando faldones, y por supuesto de la elegancia del paso de misterio de la hermandad de la Albarizuela. También tenemos hoy la oportunidad de ver el palio del Transporte recién restaurado en el taller de Ildefonso, y los intentos de la cofradía de la Merced por ganarse el cariño de una calle que respira Prendimiento por sus cuatro costados. Es necesario que nos demos un paseo por la calle Higueras para disfrutar de uno de los cortejos más elegantes de la ciudad, y soñar despierto cuando la escolanía del Oratorio Festivo cante el Stabat Mater, en una tradición que alguno quiere quitar olvidándose que ya forma parte de la historia propia de la cofradía. Será el momento de despedirse de Nuestra Señora de las Angustias, que cuando llegue el Domingo de Resurrección se retirará del culto para ser restaurada por las prestigiosas manos de Francisco Bazán, el mismo licenciado que ahora mismo está tratando el paso de misterio de la Cena.Es Domingo de Ramos, y hay que visitar los templos que tienen procesiones por la tarde para admirar la belleza del trabajo de las mayordomías. Hay que aplicarse para llenar los palcos que conforman nuestra Carrera Oficial. Debemos esforzarnos por cumplir todos los horarios, y dar testimonio público de nuestra fe a una sociedad cada vez más carente de valores.Es Domingo de Ramos, al fin Domingo de Ramos. No debemos dejar de ir a San Marcos por la mañana para la primera levantá de la Cena en el paso del Santo Crucifijo de la Salud, o ir al patio de la Escuela de San José a tomarse una cerveza cuando el reloj esté marcando el mediodía. Hagan lo que quieran, de estas propuestas, o de otras que tengan. Pero disfrutenlo, porque de nuevo quedará todo un año para volverlo a vivir.

(Artículo publicado en LA VOZ, el 5 de abril de 2009. Foto: Esteban)

lunes, 30 de marzo de 2009

250 años con las manos atadas


Ser de la Amargura es especial, eso no lo puede poner en duda absolutamente nadie. Ser de la Amargura distingue a un cofrade que tiene la clase, la elegancia y la categoría por bandera, porque su dolorosa así es. Quien no tiene estas cualidades, directamente es que no es amargurista. Y conste que la elegancia, el estilo y el tronío del que hablo no tiene nada que ver con la chaqueta que uno se pone, o el color de la corbata que se elige. Esas son cualidades de menor rango que, aunque dignifican a quien sabe hacer buen uso de ellas, no se convierten jamás en la realidad principal, en la esencia de las virtudes que estoy enumerando.
De esas cualidades innatas, que se ven aunque se lleven escondidas en el interior, es de las que hablo cuando se habla de la Amargura. Hace poco, hablaba de que las advocaciones nos buscan sin remedio, y que marcan la manera de ser de quien se acerca a ellas. Decía que nadie se puede esconder detrás de la vela del Cristo, y que por eso los cofrades de la hermandad del Viernes Santo son tan valientes a la hora de afrontar y resolver los problemas, sean del calado que sean, puesto que su Cristo va con el pecho fuera, enfrentado al mundo, sin oscuridad tras su melena.
Algo idéntico ocurre cuando en la calle Medina, uno se acerca a un besamanos donde la Amargura repleta de empaque, llena con su manto azul una capilla cerrada a cal y canto. Y sus fieles, agarrados con fe a una reja cerrada, miran por el cristal de sus puertas a la que es, sin dudarlo, Madre de Dios y madre nuestra, porque así quiere Dios que sea cada Miércoles Santo, cuando baja vestida de azul a la plaza de las Angustias.
Y El, mientras, con las manos atadas a la espalda acepta con humildad que Ella es quien manda en la casa, que es la Madre la que roba los besos por los balcones, la que se lleva los piropos, a la que todos suspiran gracias al lento vaivén de sus caderas. Es la Amargura la madre que todos querríamos, la mujer que es mujer siempre, la que es elegancia y majestuosidad. Es la que deseamos, decía, y la tenemos.
Por tanto, son los cofrades de la Amargura un ejemplo vivo de que la grandeza, la elegancia, el señorío y la clase no están reñidas con la humildad de quien lleva las manos atadas. Y eso lo demostraron los cofrades de la Amargura el pasado miércoles, cuando invitaron a comer a todos los informadores cofrades de la ciudad. En la bodega de José Luis Zarzana nos reunimos todos los que de una manera u otra hablamos de esto de las cofradías, gracias a la invitación que José Carlos Galán nos hizo para darnos a conocer los actos del 250 aniversario de la talla de la Sagrada Flagelación de Cristo.
Y las copitas prometidas resultaron ser un almuerzo de categoría, con vino de la tierra, catavinos anchos, una paella con unos langostinos que servirían de perillas para más de un palio de la ciudad y un buen brandy de la casa, junto con la atención personalizada y la buena compañía. Al final, resultó que no nos contaron nada, se disculparon por la escasa información que nos han dado en estos años, y nos solicitaron colaboración para los actos que en breve se presentarán en sociedad por esta efeméride. Todo un detalle.
Pero me quedaré para siempre con el gesto de un hombre que ese día me demostró ser más del Flagelado, por la humildad de su gesto, cuando preguntó casi azorado que quién era Pepe Vegazo. Al responderle, me dio la mano, mientras me agradeció mirándome a los ojos el cariño demostrado cuando hablé de él y del padre Jesús. Casi un año ha pasado de aquello, y alguien me buscó para darme las gracias. Era José Antonio Zarzana, hijo de José Luis, y no me conocía. Yo a él sí. Tenía que ser de la Amargura...
(Artículo publicado en LA VOZ, el 29 de marzo de 2009)

lunes, 23 de marzo de 2009

La Cremá de la Cuaresma


Ya hablé hace un par de años de esto mismo que les iba a decir hoy. Les resultará curioso que un cofrade como yo, que se enorgullece de su Semana Santa, de su Cuaresma, y de todo lo que tenga que ver con el incienso y la cera, se marche un par de días a tierras valencianas para vivir las Fallas. No es que quiera justificarme con este artículo, porque gracias a Dios, de mis decisiones, hasta el día de hoy, soy plenamente responsable y consciente.
Simplemente, tengo ganas de contarles lo que allí viví, y cómo la lejanía, la distancia, en la mayoría de las ocasiones, sirve para tomar conciencia exacta de lo que vamos dejando atrás, de lo que tenemos tan cerca que muchas veces no somos conscients siquiera de que lo tenemos. Así andaba yo, como cada año, entre agobios y carreras, como todos los cofrades de la ciudad por estas fechas. Tanto el trabajo como los compromisos adquiridos en nuestras hermandades y cofradías nos obligan a renunciar a gran parte de nuestra vida personal, y eso conlleva los sinsabores propios de la renuncia a la familia, a los seres queridos. Todo eso pensaba yo en Valencia, cuando esta semana he vivido con intensidad a Valencia en Fallas.
Para empezar, les diré que no difiere mucho de la Semana Santa. Toda una ciudad se paraliza para poder disfrutar de sus fiestas más populares. No es como la feria de Jerez, donde todo se concentra en el González Hontoria, sino como una gran Carrera Oficial, donde Fallas y casales se disputan las esquinas más señeras de la capital del Reino de Valencia.
Es por tanto una devoción popular, y los falleros la viven con la intensidad que merecen estos días. No hay nada, absolutamente nada más importante, que las Fallas en Valencia por estas fechas. Y me recuerda a un Domingo de Ramos, cuando la ciudad se paraliza para poder disfrutar de la salida de las Angustias, o de un Miércoles Santo que manda de principio a fin el Prendimiento desde la humildad de sus manos atadas. Una ciudad volcada con sus fiestas, por tanto. Y con su gente.
Y ahí es donde reflexionaba con mayor detenimiento. En la generosidad del valenciano,que abre la puerta de su casa a todo el mundo, que quiere enseñar a todo el forastero que se acerque a Valencia las bondades de ser falleroo. Toda mi familia pertenece a una falla, viven con intensidad la fiesta de San José, y a ninguno escuché criticar sus fiestas locales. Y cuando me preguntaron a mí por la Semana Santa, realmente no supe qué decirles.
Podría haberles hablado de los mil problemas que hemos tenido en la diócesis sin obispo hasta la llegada de Mazuelos,pero decliné la idea, porque no creo que mi primo sepa quién es el canónigo penitenciario de Sevilla. De hecho, creo que no sabe ni lo que es un canónigo. Pude hablarles de la ridiculez de comunicado que ha tenido que emitir la hermandad de la Cena para acallar las conciencias de alguno, que se creía que la Paz no procesionaría este año. Pero entonces tendría que explicarles que la ridiculez no es el comunicado en sí, sino el pensamiento del cofrade que quiere arremeter como sea contra su propia Junta de Gobierno.
Así que lo único que les dije era que sí, que las fallas son una experiencia única, pero que yo me quería volver ya para casa, a disfrutar de estos cuarenta días que Dios nos regala cada año, y donde podemos tocarlo, sentirlo y hacerlo presente gracias a la multitud de actos que organizamos las hermandades y cofradías. Y justo entonces, empezó la cremá, el momento en el que se queman las fallas. Desapareció todo en un instante. El mismo instante que queda para que llegue el Domingo de Ramos. Así que disfrutémoslo.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 22 de marzo de 2009)

lunes, 16 de marzo de 2009

El Crucifijo oculto


A veces, las circunstancias te obligan a cambiar de planes sobre la marcha. Son contadas ocasiones, lo reconozco, y mucho más cuando se trata de personas que, como yo, tienen limitada su agenda a escasos minutos libres al día, que les permiten pocas licencias. Les confesaré que este artículo está escrito sustituyendo a otro que hablaba de Pepe Mazuelos, el que será en breve nuevo obispo de Jerez, y al que a partir de ahora siempre me escucharán nombrar como don José o el prelado Mazuelos, porque la cercanía es cercanía en la intimidad, y sólo si las dos partes están de acuerdo. Y no es el caso por ahora, ni lo reconoceré si algún día lo es.
Así que este artículo sustituye a otro ya escrito, y lo hace con las prisas propias de quien no tiene un hueco en su calendario. La mayordomía del Santo Crucifijo, a la que en muchas ocasiones me he referido como la mayor bendición que he tenido en mi vida, limita en muchas ocasiones el margen de maniobra de un grupo humano que sacrifica muchos momentos de su vida privada para mayor gloria de Dios. Mayordomía por tanto, en el mejor sentido de la palabra. Mayordomo, el que sirve, el que gasta y se desgasta...
Pues estaba ayer por la mañana en el Convento de las Clarisas, en la calle Barja, lugar sagrado que mi Señora de la Encarnación visitará el próximo viernes, para entregar a las religiosas descalzas una patente que las distinga como sus camareras honorarias. Una bendición como otra cualquiera, pero que viene a demostrar el interés de la hermandad por estrechar vínculos de unión con las órdenes religiosas de la parroquia, y un desvelo inusitado por alcanzar las bendiciones espirituales que sólo quien ejerce la oración como motor de su vida puede entender.
Allí estaba midiendo, analizando con detalle junto a mi Junta de Gobierno cómo podría verse a la Encarnación más bella si cabe en un convento de clausura, junto a una celosía que divide lo terrenal de lo celestial, lo humano de lo casi divino, lo pecaminoso de lo sencillamente perfecto. Porque si hay una orden religiosa que aglutine el cariño y el respeto de los cofrades son , sin duda, las monjas de clausura.
Allí estaba, cuando miré más alla, curiosidad del pecador, de la celosía que separa la clausura de lo público. Mientras las hermanas nos decían que estaban absolutamente ilusionadas por este nombramiento, y nos aseguraban que cada vez que la Señora se esté cambiando ellas rezarán por nosotros, yo miraba al infinito de un mundo que me parecia más lejano que nunca... No tenía fe.
Y el Santo Crucifijo, una vez más El, me dio una lección. La que no olvidaré jamás. La que hizo que me agarrara a la reja, como si me fuera la vida, por entender los misticismos de un Dios que se empeña, aunque nosotros queramos lo contrario, en acercarse en los momentos más inesperados. Les reto a que se acerquen a la calle Barja. No tengan miedo, y vayan a ver el traslado de la Encarnación al convento de las Clarisas.
Y les reto, sobre todo, a dejarse llevar, a mirar mucho más allá de la maestría de Fernando Barea, que quedará demostrada, una vez más, en el traslado. Les cito para comprobar una vez más que la hermandad del Santo Crucifijo sabe hacer las cosas con más gusto y elegancia que ninguna, o al menos, al nivel de la mejor. Le gano la apuesta a quien quiera, de que será uno de los momentos más emotivos de la Cuaresma. Les aseguro, que cuando las religiosas entonen sus cánticos, entenderán que un trozo de cielo se abre en el barrio de San Miguel, porque hay quien pide por nosotros, aun sin nosotros darnos cuenta.
Y les reto, principalmente, a que miren por la celosía, y descubran, como hice yo, agarrado a un reja sorprendido, el perfil del Santo Crucifijo de la Salud en la oscuridad de una clausura. La clausura de las camareras de la Encarnación.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 15 de marzo de 2009.)

domingo, 1 de marzo de 2009

La vela del Cristo no es opaca


Reconozco que me gusta el Cristo. Es una hermandad que, pese a estar en muchos casos alejada de mis gustos estéticos y de mis intenciones piadosas, siempre me ha traído una brisa de recuerdos, una llovizna fina de emociones, de esas que no mojan, pero que calan hasta los huesos. Posiblemente, haber visto la salida de la cofradía desde el balcón de un aula del Grupo Franco, donde mi madre era profesora, durante tantos años de infancia, haya hecho que aún sin quererlo, siempre tenga que ir a encontrarme con esa vela que no deja que nadie se esconda tras ella.
Es curioso mi caso, podrían ustedes decir. Porque evidentemente, la Virgen del Valle reúne muchos más factores que pudieran acercarme a Ella que el propio Cristo de la Expiración, con sus melenas al viento y sus cargadores. Soy costalero, me gustan los palios de trazas sevillanas, las dolorosas bien vestidas (qué descubrimiento, Fernando Barea, uno más en tu lista, de una gran dolorosa), las levantás al cielo, el incienso, el compás de una bambalina haciendo eco del redoble del tambor... Todo eso me gusta, y sin embargo, soy del Cristo de la Expiración mucho más que de Ella, porque tras su vela no existe la oscuridad.
Será por eso que me gusta la gente que va de frente, algo que tantas y tantas veces he denunciado en estas páginas, o en el foro en el que haya tenido la oportunidad de expresarme. Las cofradías necesitan de ese perfil de cofrades, gente comprometida que vaya con su verdad por delante, o con su mentira.Pero de frente, amigo, que una batalla jamás se ganó escondiéndose del enemigo, sino plantándole cara. Y claro, la gente del Cristo eso lo tiene relativamente sencillo, porque su Cristo lleva el pecho enfrentado al mundo, la melena desafiante, y una vela que no deja que nadie se esconda tras ella.
No es casualidad que sean así, de verdad. Los cofrades somos fiel reflejo de los titulares a los que amamos, porque en el fondo son ellos quienes nos encuentran a nosotros, y no al revés. Acabamos encajando en los sitios donde una imagen, aún con aire en los pulmones, abre los brazos para abrazarnos y decirnos que no hay sitio para los dobleces. No, al menos, tras la vela del Cristo...
Y todo esto viene porque andan molestos conmigo en la hermandad del Cristo, seguramente porque yo no me haya sabido explicar. Ojalá comprendieran que a veces es sumamente complicado resumir en apenas treinta líneas lo que lleva coleando desde el Viernes Santo del año pasado, y uno puede cometer errores de apreciación de los que debe disculparse.
Así lo hago ahora, ya que es cierto que desde las Viñas hasta el palquillo hay la misma distancia que desde la Ermita hasta la Alameda Cristina, y prácticamente en el mismo tiempo. Pido disculpas porque su hermano mayor ha tenido a bien hablar conmigo, y no permitir que nadie pusiera en duda el cariño que le tengo a la hermandad, y eso, al menos para mí, vale mucho. Y ha tenido la valentía de reconocer, en demasiadas ocasiones además, que el año pasado se equivocaron con el piano y con otros asuntos que bien valieron una reprimenda en su momento, pero no el linchamiento público al que, en muchos casos, se les está sometiendo.
Así que como tras la vela del Cristo no caben los cobardes, aquí van mis disculpas si en algo pude ofender, y mi súplica de que lean bien siempre lo que escribo, porque en ningún caso he dicho que el problema del Viernes Santo se arregle con quince minutos de adelanto de la salida, ni que la culpa del Viernes Santo sea de la hermandad del Cristo.
Cumplan todos los horarios, eso es lo que pedí. Y parece que no se entendió. Y por eso pido disculpas. Por eso, y porque Antonio Yesa me demostró ser un perfecto caballero que jamás ha usado la vela del Cristo.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 1 de marzo de 2009. Fotografía: LA VOZ)

domingo, 22 de febrero de 2009

La humanización de Dios


Nunca he presumido de conceptos litúrgicos, y mucho menos teológicos. Jamás nadie me habrá escuchado pontificar sobre estos temas, ni imponer mi criterio sobre el de nadie, porque reconozco mis limitaciones en ambas materias. Es más, probablemente no me hayan siquiera escuchado hablar sobre estas cuestiones, porque cuando no domino con cierta soltura la temática de la conversación en cuestión, mi mente reacciona de dos maneras muy contrastadas; o se aburre soberanamente cuando nota que el nivel no es el adecuado, o se activa con violencia para robar de oído y vista de lo que el ponente esté diciendo en ese momento.
Así me pasa con muchas de las firmas que ustedes pueden leer en la segunda página de este suplemento bajo un evocador título, el muñidor, que da idea de que van por delante de nosotros en muchas cosas. Cada uno en lo suyo, da gusto escuchar hablar, o simplemente leer, a las personalidades que tenemos el gusto de compartir. Descubrí con Enrique Soler que un cura puede ser cofrade, y muy cofrade ademas, y las virtudes y defectos que ello tiene. Me abandoné a mi suerte cuando un día vi a José Miguel Merino discutiendo de vida, eutanasia y formación cristiana en una conferencia extraordinaria y en el día a día de una hermandad que tenemos el gusto de compartir. Saboreo la historia de nuestros antepasados gracias al conocimiento y cultura de Rafa Racero y me emociono sin remedio cuando leo a José Antonio Domínguez Mateos, que bajo una de las plumas más interesantes de nuestra Semana Mayor esconde una formación impropia de quien no se acerca siquiera a la treintena.
Me rindo por tanto ante quien sabe más que yo, y le pido que no me juzgue si teológicamente hablando, lo que voy a exponer es una barbaridad inclasificable. Pero me gustan los besamanos y besapies, porque humanizan a Dios y a su Madre. Siempre elevados a altares de gloria, siempre subidos a tronos y pasos, siempre tan lejos de nosotros que no nos damos cuenta que están más cerca de lo que creemos. Encerrado en un sagrario no consigo a veces, perdóname Señor, encontrar las palabras para dirigirme a un Dios que a veces está sumido en otros problemas. Tanto, que a veces dudo que tenga medio minuto para mí.
Así que cuando llega el Miércoles de Ceniza, comienzo a entender la suerte que tengo de tenerlos a mi vera, y consigo comprender con exactitud milagros y misterios como la Navidad, el Nacimiento de Jesús o su posterior resurrección. Es justo ahí, cuando lo postro ante mí, cuando comprendo que se hizo hombre por nosotros. Es en ese Cristo de madera, de gubias y policromados, donde encuentro el verdadero sentido a mis creencias.
Será tan pobre mi fe, que decía Antonio Moure en su pregón... Será tan pobre mi fe que necesito que cada año se produzca el milagro que me da fuerzas para comprender algunas soledades. Será tan pobre mi fe, que sólo comprendo la doble naturaleza de Dios cuando lo tengo a mi altura, y veo la mano sedienta de cariño de algún necesitado, y el beso congelado de una anciana que sabe que puede ser su última vez...
Nadie me juzgue por lo que estoy diciendo, lo pido con el corazón en la mano. Nadie me juzgue, porque en el fondo lo que estoy diciendo es que me vuelve loco que llegue el Miércoles de Ceniza, porque tengo a partir de entonces cuarenta días para besar la cara de María, la madre que ya muchos perdimos. Tengo cuarenta días para observar de cerca el sufrimiento de un Dios que vino a salvarme. Tengo cuarenta días para entender que la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo es el misterio principal de la Iglesia.
Y eso, sin mi Santo Crucifijo de la Salud en el sagrario de San Miguel, jamás lo podría entender.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 22 de febrero de 2009. Fotografía: www.gloriasdepasion.com)

domingo, 15 de febrero de 2009

Gaitas en Sábado Santo



Es curioso que califiquemos ahora de día conflictivo el Viernes Santo. Resulta curioso, lo digo de verdad. Es cuanto menos sorprendente que se califique ahora de problemática una jornada que lleva siendo un desastre las últimas dos décadas, que son de las que puedo hablarles con conocimiento de causa. Por tanto, que ahora se esfuercen en vendernos que el Viernes Santo es intolerable, pues qué quieren que les diga, me hace cuanto menos sonreir.
Entre otras cosas, porque lo que de verdad resulta intolerable es la actitud de las cofradías del Viernes Santo. Tengo fresca en la memoria la salida procesional de la Virgen del Valle, por citar un ejemplo, en su coronación canónica. Hagan memoria conmigo, la Señora del Viernes Santo salía de Santo Domingo con destino la Catedral, donde les esperaba un deán reloj en mano para poder celebrar su Eucaristía. No seré yo quien defienda la actitud, a veces incomprensible, de Repetto. Pero a su casa vamos, y hay unas normas. Y mucho más, cuando de un traslado se trataba, ya que la dolorosa aún no estaba coronada.
Más de una hora tardó el palio del Valle en llegar desde Santo Domingo hasta la plaza del Clavo. Casi noventa minutos que tuve la suerte de vivir con Andrés Cañadas, Quico Abuin y otros compañeros de medios de comunicación que, atónitos, observábamos cómo se callaba a la banda porque se llegaba tarde a la Catedral. Y en ese noble ejercicio de poner un ventilador para que nada me manche a mí, se culpó a la música, a la bulla (que era infinitamente menor que la que lleva la Cena, por poner un ejemplo, por ahí mismo el Lunes Santo) y hasta al maestro armero. Todo, por no reconocer que la cofradía no andaba, que el ritmo era insufrible. Gracias a Dios, se dieron cuenta de ello, y lo corrigieron a partir de entonces. Y llegaron a tiempo a la Catedral.
Ahí está el secreto, en llegar a tiempo. Porque también vivo el Viernes Santo en otra acera, la de la Soledad, cuando un hermano dijo, justo delante mía, que ya que entrábamos tarde, de correr nada, que ahora tocaba lucirse a la Reina de la Porvera, en una falta de respeto y sensibilidad total hacia las cofradías que vienen por detrás y la gente que está sentada esperando. Y nadie se da cuenta de que el Viernes Santo se perjudica a sí mismo, porque los retrasos luego, cuando las cofradías salen del primer templo jerezano, se van volviendo en tu contra peligrosamente.
Así, podríamos citar mil ejemplos más, como el despropósito de solicitar que el Santo Entierro pase la primera el Viernes Santo por la Carrera Oficial. El postre, antes que el filete. Una locura, sin más.
Pues echen la vista atrás, y recuerden que hace tres años, el día problemático era la Madrugá. Que hubo un conato de una hermandad de llevar el caso a Palacio o más allá. Hagan memoria, que también hubo una reunión de los hermanos mayores para ponerse de acuerdo, y también el Consejo lo tiró a la basura. Y se rehizo todo, sin necesidad de reuniones absurdas de tres horas, y las hermandades se comprometieron a cumplir sus horarios. Y resultó que el día más difícil, se convirtió en una balsa de aceite para todos, y que hermandades como la Yedra dieron un ejemplo de seriedad.
Cumplan todas los horarios, y déjense de gaitas. Que esas no pueden sonar el Sábado Santo...
(Artículo publicado en LA VOZ, el 15 de febrero de 2009)

domingo, 8 de febrero de 2009

Prefiero no ser perfecto

El pasado viernes viví una de esas experiencias que se quedan grabadas en la memoria, pese a ser repetitivas. No soy yo muy dado a hablar de costalería, pese a que el mundo donde más y mejor me muevo es en el de las trabajaderas. Conocí a mis mejores amigos bajo un paso de misterio, o llevando un crucificado. Me hice hermano, casi de sangre, de algunos que tuvimos la suerte de meter un paso de palio en su templo, cuando quedamos diecisiete hombres de una cuadrilla de cuarenta y cinco almas. Diecisiete de cuarenta y cinco, así que hagan ustedes números de cuántos costaleros se fueron por la gatera. Y claro, los que nos quedamos, pues nos unimos. No nos quedaba otra, bien es cierto, pero hubiéramos dado la espalda y el corazón, y les puedo asegurar que no es una forma de hablar, tanto por la Madre que llevábamos arriba como por el compañero que llevábamos al lado.
Aún así, no suelo contar las cosas que vivo bajo las trabajaderas, o mandando sobre ellas, por dos motivos que tengo clarísimos. Uno, porque hay gente que lo sabe explicar mucho mejor que yo. Tengo serias dificultades para poner en papel los sentimientos, emociones, sinsabores y alegrías que siento cada vez que enero llama a mi puerta. Meses en los que no existirán los fines de semana de borrachera, o los viajes programados, porque mi vida la ocupan los pasos. Son apenas ocho fines de semana donde mi agenda mezcla las reuniones de trabajo con las llamás y las arriás, una bendición que ojalá se prolongara en el tiempo como pasa en Sevilla. Y como no sé contarles en esta media página lo que se siente en estas reuniones de fraternidad, amistad y colaboración, dejo que sean otros más doctos que yo en la materia los que lo hagan.
Pero les dije que había dos razones, y la segunda es porque creo en el silencio de las trabajaderas, en el misterio aún sin resolver de cuando una puerta de un local se cierra para que el capataz le hable a su gente. No es una casualidad que se cierren las puertas, y por eso, a los que queremos esto de verdad, no nos gusta hacer público algo que sólo podría entenderse si se está allí, con la faja todavía apretada y el corazón en la boca por la emoción y el cansancio.
Por esos motivos, no tengo costumbre de hablarles de nada de esto. Pero hoy voy a hacer una excepción, la que hago cada año cuando llega la igualá o el primer ensayo de la Cena, y quiero revelarles algún secreto de una cuadrilla que pasará a la historia de la Semana Santa de Jerez. No me pidan ser objetivo, ni imparcial, porque soy sujeto y parte. Una cuadrilla que ha modificado el andar del otras muchas, que la han copiado hasta la saciedad. Renovó el andar de los pasos de silencio cuando salió andando largo racheado en el Corpus del 98. Cambió por completo incluso las maneras de hablar de la gente de abajo, con el famoso grito de Tomás Sampalo que sustituyó, definitivamente, el «estamos puestos» que se estilaba por aquí. Una cuadrilla que con la humildad por bandera, se ha convertido en referente de nuestra ciudad.
Pues esa cuadrilla escuchaba el viernes, atenta, orgullosa y responsabilizada, las instrucciones de Martín Gómez una vez terminado el ensayo. Cuando se dejó la parihuela de ensayo en el local, explicó el capataz que no tenía ya nada que corregir, porque el paso, técnicamente hablando había ido perfecto. Pero que no transmitía, que era frío. Y que este año, más que nunca, el Señor debía transmitir con la dulzura y pasión de su mirada. Prefiero que no seáis perfectos, pero que el paso transmita, nos dijo. Y allí vi a noventa hombres, muchos de ellos nuevos, bocadillo en mano dándose cuenta de que Jerez espera algo diferente del Señor de la Cena este año, y que nosotros estamos ahí para ofrecerselo. Y lo haremos. Sé, por esa mirada de noventa hombres, que lo haremos.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 08 de febrero de 2009)Click here to find out more!
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domingo, 1 de febrero de 2009

Cursos de Liturgia


Destinado especialmente a mayordomos y a diputados de cultos, pero abierto a la participación de cualquier cofrade que quisiera acercarse. Esta era la nueva apuesta del Consejo de Manuel Muñoz Natera, y casi un centenar de cofrades han respondido a la llamada acudiendo al Auditorio Juan Pablo II del Obispado a la primera de las sesiones que se desarrolló ayer por la mañana.
La propuesta es atractiva, desde luego. Son cuatro sábados consecutivos, a dos sesiones cada uno, donde profesores del Instituto Superior de Ciencias Religiosas Asidonense hablan sobre la liturgia en la religiosidad popular, un fenómeno evidentemente desconocido en nuestras corporaciones. El problema es que no van los que tienen que ir, es decir, los que creen saberlo todo. Miro la nota de prensa que manda el obispado, donde van varias fotos del acto, y miro el patio de butacas. Gente joven, con ideas, con ilusión. Jóvenes con ganas de cambiar las cofradías, y con la cultura suficiente para entender que si quieren cambiar algo en nuestras corporaciones, debe estar bien documentado y estudiado. Y claro, para eso hay que formarse, ir a estos cursos, perder cuatro sábados. O ganarlos...
Durante cuatro semanas creerán que pueden cambiar el futuro. Leerán, observarán, aprenderán. Les explicarán qué está bien y qué está mal de nuestros montajes, de nuestros besamanos, de nuestras salidas procesionales. Se les hará especial mención a las Funciones Principales de Instituto, de las que se podría escribir un libro sobre las barbaridades que se ven. Vamos, si ustedes quieren, un día les cuento una función a la que fui de Sevilla, donde hubo un disparate final a los pies de la Virgen que estaba de besamanos con hermano mayor incluido, puro en mano, llamando a un fotógrafo para que hiciera una foto a los nuevos hermanos que estaban jurando, mientras el director espiritual miraba atónito la escena... Y era Sevilla, madre y maestra, la capital del mundo, la pura, la mariana, la gloriosa...
Pues esos desajustes son los que creerán estos jóvenes que cambiarán cuando vuelvan a sus cofradías, dentro de un mes, con un diploma que les darán agradeciendo y justificando su asistencia a este curso de formación. Volverán animados porque además estos cursos se realizan en las fechas correctas, antes de Cuaresma, para que todos los conocimientos estén frescos en la memoria y se puedan ejecutar con prontitud. Un acierto pleno del Consejo, otro más, que debería repetirse año a año por la calidad y funcionalidad de la propuesta.
El problema llegará cuando estos pobres insensatos lleguen a su parroquia, o a su iglesia, y se enfrenten a alguno de los que todo lo sabe, y no necesita este curso para nada. Porque él es el cofrade total, el todoterreno, que sabe de costalería, de bordados, de altares, de liturgia y de estofados. Y me parece a mí que del único estofado que sabe alguno es del delternera, con su verdurita bien rehogada y su vasito de vino al lado. Ese mismo que habrá incluso propuesto que se subvencione a los chavales, que no tienen los recursos necesarios para poder pagar estas sesiones, ya que esta formación le hace bien a su cofradía.
Y claro que le hace bien a la cofradía, siempre que luego le dejan aplicar esos conocimientos, y los criterios estéticos no primen sobre los litúrgicos. Entre otras cosas, porque la liturgia ya es bella de por sí, y no necesita que lleguemos nosotros a estropearla. Eso andaba yo pensando esta mañana cuando he visto la foto del curso del obispado. Y me atemorizó la idea de que yo un día fuera un cofrade todoterreno, que sabe de todo pero no sabe de nada, y no deje trabajar y realizarse a mis hermanos en la hermandad. Y decidí dejarlo por escrito, para que siempre puedan recordármelo.
(Artículo publicado en LA VOZ, el 01 de febrero de 2009)